martes, 22 de octubre de 2013

Invisible


Hay incesantes momentos en que eres capaz de hacer cualquier cosa con fin de poder sentirte vivo y gozar nuevas sensaciones, de poder jugar con los tiempos, de ser alguien que nadie ni siquiera se imaginaria que tu podrías ser; ni tú mismo. Lo más complejo de esto es mantener al margen esa vida, la cual tiene un costo y ese costo se asume desde el instante en el que aceptas introducirte a un sub mundo, piensas en momentos: por qué lo estas haciendo, y la verdad a veces no le encuentras respuesta, pero sigues dentro sin querer salir; por la adrenalina que te provoca, las ganancias y ventajas que tienes estando dentro de este sistema. En cierto sentido se mantiene un poder, juegas a ser invisible, rápido, a ser más astuto que el resto, a tener labia para manejar situaciones  y ser versátil para salir del paso y la verdad, no te das ni cuenta cuando ya lo lograste, cuando ya eres invisible al caer la noche;  de día eres alguien normal sin nada nuevo que contar más que el trabajo, estudios, familia y una que otra cosa banal, sin importancia pero siempre ocultando esa identidad, lo malo de esto es cuando pasas a llevar tus ideales, por lo cual tú estabas dispuesto a extirpar bajo cualquier consecuencia lo que encontrabas repudiable y terminabas  dentro de lo que odiabas; eso ocurre cuando ya nada te importa y te sientes con ganas de llevar tu vida al límite, la cual va a mil por hora, ya ni percibes las noches, es inexplicable el poder estar tres días en pie sin dormir, tomando alcohol y que este ni siquiera te haga algún daño, es un estado de subconsciencia, ni siquiera ya sientes lo que cualquiera podría sentir: como cansancio, sentirse embriagado o con algo de sueño.

No obstante la vida te pasa la cuenta en cualquier momento y eso uno lo tiene claro, te sales por tu propia decisión, pero hay ciertas ocasiones en las cuales se suele extrañar esa vida nocturna dan ganas de volver a saborear el trasnoche.

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