Nuevamente se acercaba la noche, la
noche más triste y desolada que jamás se halla cruzado en mi memoria, recién
había despertado de mi sueño frecuente y me encontraba solo en mi cuarto, con
los deseos enormes de volver a encontrar a esa mujer que hacía estremecer todo mi ser, de aquella mujer que se aparecía
en mi pensamiento cada vez que podía.
Recuerdo el primer día que la
vi…estaba sola junto a la puerta de mi habitación, se encontraba confundida con
el cuerpo trémulo de tanto soportar las bajas temperaturas. Cuando me vio su
rostro mostró un dejo de esperanza que
sólo hoy puedo comprender. La abracé ya
que fue esa mujer que ayude años atrás
en Argentina durante una llegada inesperada a un país lejano y distante de su
gente y la mía, ese invierno aplacó con desenfrenada violencia, bien lo
recuerdo. Quizás ese fue el motivo más
racional que quise dar a mi corazón ante aquello que esa desconocida despertó en mí, ante aquel abrazo
que ni siquiera premedité.
Su rostro me parecía tan familiar
como si algo desconocido hubiese sellado ese encuentro tan fugaz. No escuché su
voz durante mucho tiempo, ella sólo habló cuando se vio en la imperiosa necesidad
de pedir una taza de café.
Luego de un instante de miradas se
sentó sobre la colcha que cubría mi cama, sólo ahí, por la luz de la ventana,
vi su rostro; sus ojos eran inmensos de un color grisáceo que reflejaba la
luna, su nariz era larga y angosta, tenía unos labios gruesos que hicieron que
mis ojos se detuvieran por varios segundos en ellos, su rostro a pesar de tanta
sutileza reflejaba a una mujer sufrida; su espalda era pequeña con unos brazos
largos que daban la sensación de poder enrollarte. Que mujer más espectacular,
que ser más maravilloso.
A pesar de no comprender la
presencia de una desconocida en mi cuarto no sentí temor, algo en ella me
llamaba. Esta mujer hacía parecer que
había recorrido una gran distancia para haber llegado hasta mi cuarto, su
rostro cansado y débil despertaron en mí una gran compasión, no la cuestioné ni
hice una sola
Se recostó a mi lado con un dejo de
ternura que jamás vi en otra mujer, esperé a que se durmiera la observé durante
sus sueños hasta que mis ojos se vieron vencidos de tanta belleza.
Al día siguiente desperté con la
idea de encontrarla durmiendo en mi pecho, sin embargo ella no estaba allí,
había un trozo de papel mal cortado con unas palabras que luego de leerlas
varias veces pude comprender lo que decían, al parecer tuvo que hacer algo
importante algo así como sostener una conversación con alguien que significaba
mucho para ella, al final del mensaje decía que volvería al atardecer que no lo
dudara y que por sobretodo la esperara. Me pareció tan extraño recibir todo ese
tipo de explicaciones de alguien que en el fondo no me debe explicación alguna.
Esos días estaba completamente solo,
bueno estaría solo por un largo tiempo ya que me estaba recién estableciendo.
Esa tarde se me hizo eterna no pude
realizar ningún tipo de labor de las que realizo diariamente con el fin de
lograr cumplir mi sueño, realmente esa mujer había calado profundamente en mi
ser.
Pasada de las diez de la noche
retornó a mi lado, al verla no pude más que abrazarla, por primera vez conversó
un poco más, me habló de unos viajes al norte que tanto le gustaron y de unos
hombres que quisieron asaltar cundo recién llegó a esta alborotada ciudad. Poco
a poco me fui enterando de los detalles de mi mujer. Se disculpó por haber
entrado así a mi casa, alguien la estaba siguiendo y se asustó de modo que al
ver la puerta de mi casa abierta no vio otra solución que entrar, al parecer
venía realizando un viaje desde el sur, lugar donde vive, para venir a visitar
a unos familiares que le requerían pero cuando se encontró en un lugar tan
grande y peligroso se perdió y ahora sí que no sabía cómo llegar a su destino.
Precisamente en eso se lo había pasado todo el día.
Le preparé algo caliente por que
otra vez estaba muy fría, conversamos un buen rato, parecía una buena mujer,
muy respetuosa y responsable.
Al pasar las horas el frío se hizo
insostenible, prendí la chimenea para abrigar un poco la casa y a nosotros
mismos, fui buscar un par de cobijas y seguimos conversando.
Al cabo de un instante mis labios se
pegaron el los suyos, una sensación muy cálida recorrió todo mi ser, sus manos suaves
tomaron mi cara y con suavidad tome su
cintura y la apreté. Unos enormes deseos de acariciarla se apoderaron de mí, la
recosté en el piso besándola en el cuello oliendo su cuerpo para hacer eterno
ese encuentro profundo. Baje delicadamente su sostén y la seguí besando, ella
extrajo tan delicadamente la mía que ni siquiera sentí su roce, yo comencé a
tocar y a observar durante una buen rato sus senos mientras ella cerraba los
ojos y suspirando fuertemente de placer. De pronto acerque mis labios los
cuales los sentía cálidos a sus senos, fue una sensación tan exquisita que sentí
el deseo de recorrer todo su cuerpo. Los bese una y otra vez, no me canse de
hacerlo y me tome todo el tiempo que considere necesario. Le saque la falda que cubría sus delgadas piernas
y las acaricie con ternura. Cuando termine de desnudarla me tendí a su lado, en ese instante comenzó ella.
Me saco la camisa y me beso, mi
cuerpo era recorrido por repentinos escalofríos que hacían que yo la deseara
aún más. Extrajo mis pantalones y me beso si temor pareciera que se encontraba incentivada
por los enormes deseos que ambos sentíamos.
Apoyé mi pecho contra el suyo, la
amé locamente, primero lentamente para sentir su cuerpo y comencé a penetrarla
hondamente en su cavidad, sus movimientos lentos me desesperaban, mis labios
hinchados besaban locamente sus senos mientras que ella se entregaba completamente
a mí, sus gemidos me parecía que me excitaban aún más, ella me miraba a los ojos en todo momento
siempre atenta de todo lo que yo estaba sintiendo, de la pasión que llenaba el
comedor. De pronto tomó mis hombros fuertemente y subió sobre mí. Puse su pecho
sobre el suelo y siguió moviéndose ferozmente, el placer se apoderaba de mí,
era desbordante. Pegue mi pecho contra su espalda y seguí tocándole los senos.
Su voz ensordecía mis oídos al
parecer ella estaba sintiendo lo mismo que yo, de un momento a otro paró. La di
vuelta y seguí sobre ella, la mire y sonrió le dije que jamás olvidaría su
cuerpo y sus caricias; al instante comenzó a tocar sus piernas y beber de su
jugo…el placer la estaba ahogando, la estaba matando. La subí sobre mí y le
dije que me hiciera el amor como quisiera, ahora me sometía a sus deseos.
Tocaba su pecho mientras se movía suavemente, instante anterior había
descubierto que era aquello lo que más me producía placer, gemía lento al igual
que yo, de pronto me sujete afanosamente de sus caderas y sus ojos se abrieron
mientras yo experimentaba un mundo de sensaciones y la satisfacción más grande
que he sentido en toda mi vida. La abrase tan fuerte que su cuerpo no supo más
que entregarse a esa fuerza, la tuve así durante unos instantes luego me hizo a
un lado bajando sutilmente sobre la
alfombra, yo me quede de costado acariciándola y besándola tiernamente. Mi alma
entera estaba en completo reposo, mis pies estaban dormidos mis ojos semi
cerrados mientras ella me miraba sonriendo.
Al instante después se levantó, fue
a buscar algo para comer, me trajo algo para comer. Nos abrazamos frente a la
fogata y no hacíamos más que mirarnos y sonreír, que hermoso, que inolvidable.
Nos quedamos dormidos desnudos sólo
con el calor que la frazada y el de nuestros cuerpos que permanecerían unidos
por siempre.
Al amanecer ella se despidió con un
beso acalorado y un abrazo de esos que sólo ese tipo de mujeres da, una lágrima
agria rodaba por su mejilla, sólo en ese instante supe que esa sería la última
vez que la vería pero que sin embargo sería mía por siempre, por siempre sería
mi mujer.
Suelo soñar con ella estas frías
noches, suelo hacerla mía… suelo sentir que vuelve.
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