jueves, 20 de junio de 2013

La desconocida

Nuevamente se acercaba la noche, la noche más triste y desolada que jamás se halla cruzado en mi memoria, recién había despertado de mi sueño frecuente y me encontraba solo en mi cuarto, con los deseos enormes de volver a encontrar a esa mujer que hacía estremecer  todo mi ser, de aquella mujer que se aparecía en mi pensamiento cada vez que podía.
Recuerdo el primer día que la vi…estaba sola junto a la puerta de mi habitación, se encontraba confundida con el cuerpo trémulo de tanto soportar las bajas temperaturas. Cuando me vio su rostro mostró un dejo de esperanza  que sólo hoy puedo comprender. La abracé  ya que fue  esa mujer que ayude años atrás en Argentina durante una llegada inesperada a un país lejano y distante de su gente y la mía, ese invierno aplacó con desenfrenada violencia, bien lo recuerdo. Quizás ese fue el motivo  más racional que quise dar a mi corazón ante aquello que esa  desconocida despertó en mí, ante aquel abrazo que ni siquiera premedité.
Su rostro me parecía tan familiar como si algo desconocido hubiese sellado ese encuentro tan fugaz. No escuché su voz durante mucho tiempo, ella sólo habló cuando se vio en la imperiosa necesidad de pedir una taza de café.
Luego de un instante de miradas se sentó sobre la colcha que cubría mi cama, sólo ahí, por la luz de la ventana, vi su rostro; sus ojos eran inmensos de un color grisáceo que reflejaba la luna, su nariz era larga y angosta, tenía unos labios gruesos que hicieron que mis ojos se detuvieran por varios segundos en ellos, su rostro a pesar de tanta sutileza reflejaba a una mujer sufrida; su espalda era pequeña con unos brazos largos que daban la sensación de poder enrollarte. Que mujer más espectacular, que ser más maravilloso.
A pesar de no comprender la presencia de una desconocida en mi cuarto no sentí temor, algo en ella me llamaba. Esta mujer  hacía parecer que había recorrido una gran distancia para haber llegado hasta mi cuarto, su rostro cansado y débil despertaron en mí una gran compasión, no la cuestioné ni hice una sola  
Se recostó a mi lado con un dejo de ternura que jamás vi en otra mujer, esperé a que se durmiera la observé durante sus sueños hasta que mis ojos se vieron vencidos de tanta belleza.
Al día siguiente desperté con la idea de encontrarla durmiendo en mi pecho, sin embargo ella no estaba allí, había un trozo de papel mal cortado con unas palabras que luego de leerlas varias veces pude comprender lo que decían, al parecer tuvo que hacer algo importante algo así como sostener una conversación con alguien que significaba mucho para ella, al final del mensaje decía que volvería al atardecer que no lo dudara y que por sobretodo la esperara. Me pareció tan extraño recibir todo ese tipo de explicaciones de alguien que en el fondo no me debe explicación alguna.
Esos días estaba completamente solo, bueno estaría solo por un largo tiempo ya que me estaba recién estableciendo.
Esa tarde se me hizo eterna no pude realizar ningún tipo de labor de las que realizo diariamente con el fin de lograr cumplir mi sueño, realmente esa mujer había calado profundamente en mi ser.
Pasada de las diez de la noche retornó a mi lado, al verla no pude más que abrazarla, por primera vez conversó un poco más, me habló de unos viajes al norte que tanto le gustaron y de unos hombres que quisieron asaltar cundo recién llegó a esta alborotada ciudad. Poco a poco me fui enterando de los detalles de mi mujer. Se disculpó por haber entrado así a mi casa, alguien la estaba siguiendo y se asustó de modo que al ver la puerta de mi casa abierta no vio otra solución que entrar, al parecer venía realizando un viaje desde el sur, lugar donde vive, para venir a visitar a unos familiares que le requerían pero cuando se encontró en un lugar tan grande y peligroso se perdió y ahora sí que no sabía cómo llegar a su destino. Precisamente en eso se lo había pasado todo el día.
Le preparé algo caliente por que otra vez estaba muy fría, conversamos un buen rato, parecía una buena mujer, muy respetuosa y responsable.
Al pasar las horas el frío se hizo insostenible, prendí la chimenea para abrigar un poco la casa y a nosotros mismos, fui buscar un par de cobijas y seguimos conversando.
Al cabo de un instante mis labios se pegaron el los suyos, una sensación muy cálida recorrió todo mi ser, sus manos suaves tomaron mi cara y  con suavidad tome su cintura y la apreté. Unos enormes deseos de acariciarla se apoderaron de mí, la recosté en el piso besándola en el cuello oliendo su cuerpo para hacer eterno ese encuentro profundo. Baje delicadamente su sostén y la seguí besando, ella extrajo tan delicadamente la mía que ni siquiera sentí su roce, yo comencé a tocar y a observar durante una buen rato sus senos mientras ella cerraba los ojos y suspirando fuertemente de placer. De pronto acerque mis labios los cuales los sentía cálidos a sus senos, fue una sensación tan exquisita que sentí el deseo de recorrer todo su cuerpo. Los bese una y otra vez, no me canse de hacerlo y me tome todo el tiempo que considere necesario. Le  saque la falda que cubría sus delgadas piernas y las acaricie con ternura. Cuando termine de desnudarla me  tendí a su lado, en ese instante comenzó ella.
Me saco la camisa y me beso, mi cuerpo era recorrido por repentinos escalofríos que hacían que yo la deseara aún más. Extrajo mis pantalones y me beso si temor pareciera que se encontraba incentivada por los enormes deseos que ambos sentíamos.
Apoyé mi pecho contra el suyo, la amé locamente, primero lentamente para sentir su cuerpo y comencé a penetrarla hondamente en su cavidad, sus movimientos lentos me desesperaban, mis labios hinchados besaban locamente sus senos mientras que ella se entregaba completamente a mí, sus gemidos me parecía que me excitaban aún más,  ella me miraba a los ojos en todo momento siempre atenta de todo lo que yo estaba sintiendo, de la pasión que llenaba el comedor. De pronto tomó mis hombros fuertemente y subió sobre mí. Puse su pecho sobre el suelo y siguió moviéndose ferozmente, el placer se apoderaba de mí, era desbordante. Pegue mi pecho contra su espalda y seguí tocándole los senos.
Su voz ensordecía mis oídos al parecer ella estaba sintiendo lo mismo que yo, de un momento a otro paró. La di vuelta y seguí sobre ella, la mire y sonrió le dije que jamás olvidaría su cuerpo y sus caricias; al instante comenzó a tocar sus piernas y beber de su jugo…el placer la estaba ahogando, la estaba matando. La subí sobre mí y le dije que me hiciera el amor como quisiera, ahora me sometía a sus deseos. Tocaba su pecho mientras se movía suavemente, instante anterior había descubierto que era aquello lo que más me producía placer, gemía lento al igual que yo, de pronto me sujete afanosamente de sus caderas y sus ojos se abrieron mientras yo experimentaba un mundo de sensaciones y la satisfacción más grande que he sentido en toda mi vida. La abrase tan fuerte que su cuerpo no supo más que entregarse a esa fuerza, la tuve así durante unos instantes luego me hizo a un lado bajando  sutilmente sobre la alfombra, yo me quede de costado acariciándola y besándola tiernamente. Mi alma entera estaba en completo reposo, mis pies estaban dormidos mis ojos semi cerrados mientras ella me miraba sonriendo.
Al instante después se levantó, fue a buscar algo para comer, me trajo algo para comer. Nos abrazamos frente a la fogata y no hacíamos más que mirarnos y sonreír, que hermoso, que inolvidable.
Nos quedamos dormidos desnudos sólo con el calor que la frazada y el de nuestros cuerpos que permanecerían unidos por siempre.
Al amanecer ella se despidió con un beso acalorado y un abrazo de esos que sólo ese tipo de mujeres da, una lágrima agria rodaba por su mejilla, sólo en ese instante supe que esa sería la última vez que la vería pero que sin embargo sería mía por siempre, por siempre sería mi mujer.
Suelo soñar con ella estas frías noches, suelo hacerla mía… suelo sentir que vuelve.

No hay comentarios:

Publicar un comentario